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Encuentros Inesperados

  • Foto del escritor: Diego Franco
    Diego Franco
  • 7 feb 2022
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 14 jul 2022

Con cariño para D. R.


Nunca pude expresarte lo que sentía por ti, porque no tuve la oportunidad de decírtelo cara a cara cuando estábamos juntos, pero quería que leyeras esta carta para que pudieras entenderlo.

En estos días que has estado conmigo, has entrado en mi mente y no paras de dar vueltas en mi cabeza… y yo lo he intentado negar, pero no puedo, el resultado sigue siendo el mismo y es…

Estoy enamorado de tí.



Por aquí comienza esta historia de aventura y amor oculto, desde una carta.


Todo empezó con el sueño de irme de la casa de mis padres y viajar. Me quería dar un tiempo, explorar el mundo, verlo y vivirlo antes de empezar a estudiar algo.

Les expliqué a mis padres cuál era el plan y cómo encontraría un lugar donde vivir, cómo conseguiría dinero. Después de muchos meses de planeación, empaqué mis cosas y llegó el gran día en el cual tomaría un avión rumbo a Tailandia. Esa sería mi primera parada.


Antes de subirme al avión, miré a mis padres con lágrimas en los ojos. Veían cómo su hija se iría lejos, a una tierra desconocida. ¿Cómo podrían saber si estaría bien, si estaría a salvo?


- Papá, Mamá, sé que es duro ver a su hija irse de casa pero confíen en mí. Deseo ver el mundo con todo y el peligro que implica. Ustedes han educado a una mujer independiente que puede con ello, lo aprendí de ambos.


A lo que mi madre me respondió:


- Hija, sé quien eres. Estoy segura de que tú puedes contra el mundo. Confío en ti. Sólo te pido que te cuides cada día; nos mantendremos en constante comunicación para saber que estás bien.


Mientras me formaba en la fila del avión, pensaba en el dolor que me causaría dejar a mis padres y mis hermanos, después de todo, estaba a punto de embarcarme en una aventura impredecible.


Así fue como llegué a mi primer destino: Tailandia. Mi objetivo era quedarme un mes trabajando en un hotel. Por suerte, las personas de ese hotel me rentaron una habitación mientras trabajara ahí. Aprovechaba las tardes para visitar ese maravilloso lugar.


Así transcurrieron meses viajando por el globo, hasta que todo cambió con mi llegada a Italia. Era un pequeño pueblo rústico al norte del país, muy bonito. Al poco rato pude conseguir un empleo de barista con la misma señora que me hospedaría.


De ese modo, me fui acoplando al idioma, la casa y el empleo. Desde el inicio me percaté que en el bar siempre había un muchacho de mi edad; a diario se quedaba desde muy temprano y era el último en irse.


Un día, ya apunto de cerrar, dos hombres un poco ebrios entraron y comenzaron a gritarme y amenazarme. Querían quitarme las botellas, pero agarré una escoba y los empecé a amenazar también. Cuando me di cuenta, el joven misterioso los estaba sacando a patadas gritando: “¡Larguense de aquí, o llamaré a la policía!”


Me preocupé por explicar el desorden a la dueña del bar, le agradecí al chico y me advirtió llamar a la policía si sucedía de nuevo. Cuando menos me di cuenta, ya me estaba ayudando a recoger lo que se había caído.


- No te preocupes, está bien, te ayudo, de por si me tengo que quedar hasta que cierres.


- ¿Por qué vienes todos los días? ¿Acaso te gusto? ¿o eres algún tipo de acosador del que debería de tener cuidado?


Sacando una risa nerviosa, me explicó:


- Soy el nieto de la dueña del lugar, ella exclusivamente me pidió que viniera todos los días a cuidarte.


- Oh, vaya, no sé qué decir. Perdóname, qué mal chiste.


- No, no, está bien. Debí haberte dicho antes, no era mi intención asustarte. Permíteme ayudarte para que no demores tanto.


Terminamos de limpiar y me esperó para cerrar, antes de acompañarme a casa de su abuela. Me contó sobre la ciudad, sus mitos, leyendas y lugares.


- Creo que aquí es, ¿no?


- Sí, aquí es. Muchas gracias por la ayuda con esos hombres y por ayudarme a recoger el bar, de verdad gracias.


- No hay de qué. Por cierto, nunca te pregunté… ¿Puedo saber su nombre, damisela?


- Claro que sí, caballero, mi nombre es Lía. Mi abuelita me dijo que significaba portadora de buenas noticias.


- ¡Qué nombre tan bonito Lia! Un gusto, yo soy Franco, que significa hombre libre.


Nos despedimos y dimos cierre al memorable día. Los días siguientes los pasamos juntos, le gustaba mostrarme cosas de su pueblo. Un día me llevó arriba de las colinas. Desde ahí observamos el campo de flores silvestres en donde, junto al amanecer, se veía todo precioso. Fue en ese momento en el que nos percatamos de la posibilidad de una conexión entre los dos.


De regreso a la casa, el coche se quedó sin gasolina y nos vimos obligados a caminar. A lo lejos se escuchaba el sonido de la lluvia persiguiéndonos, hasta llegar a nosotros. Franco me dio su blazer y por suerte encontramos una sombrilla en la cajuela (la cual nunca utilizamos pues preferimos bailar bajo la lluvia).

Fue en esa tarde que me di cuenta de la persona que tenía enfrente. Al sentir nuestras manos entrelazadas en el camino de vuelta me di cuenta que me estaba enamorando de él poco a poco.


Tristemente, el cuento de hadas no duró por siempre. Al llegar a la casa, salió su abuelita con un teléfono en mano:


- Es tu madre, tiene algo que decirte.


Preocupada, agarré el teléfono y le contesté:


- Mamá, ¿Qué pasó?


- Tu padre enfermó, debes regresar por favor, te quiere ver.


Esa noche empaqué todo y salí, tomé el primer vuelo a casa. No tuve la oportunidad de despedirme de Franco ni de su abuela. Olvidé hacerlo en el aeropuerto.

Fue a la mitad del vuelo cuando, acomodando mi maleta, algo cayó al suelo. Levanto una pequeña nota de papel y decido leerla …


Querida Lía.


1 comentario


matildiuxi18
10 feb 2022

F A N ✨

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