Hasta las Estrellas
- Diego Franco

- 15 sept 2022
- 6 Min. de lectura
-Mont, entiéndelo, no puedo decirle.
-¿Tienes Miedo?
-Mucho, no la quiero perder, simplemente quiero olvidarla y sacarla de mi mente.
-Eso es malo para ti, porque no le expresas lo que sientes y a lo mejor te dice que sí, no lo sabes, te tienes que arriesgar. Amores muchos, pero lo que sientes con ella, casi nunca lo volverás a sentir.
-Si no le digo, no va a pasar nada.¿Y si desaparezco con mis sentimientos y hago como si nunca me enamoré de ella?
-No, porque vas a quedarte con esa duda de que hubiera pasado si le hubieras dicho.
En ese momento, Vane me interrumpía y me decía:
-Eres todo un caballero, eres supertierno, eres escritor, te preocupas por los demás, y eres superdetallista con todos; casi casi eres un superhéroe, pero…
-¿Pero qué?
-Pero no confías mucho en ti y sobre piensas las cosas. No digo que esté mal, pero no puedes asegurar nada sin al menos intentarlo.
Vane es de esas amigas que te dicen la verdad para hacerte entender la realidad y para protegerte.
Mont asentía con la cabeza y decía.
-No puedes sobre pensar todo y menos si es el amor. A veces podemos ganar sin imaginarlo o perder con una suposición.
-Saben, le temo a demostrar mis emociones, ¿y si ella no lo ve así como yo?
Mont nervioso, me decía:
-Mira quien está atrás.
A lo cual, solo siento unas manos cálidas, pero frías que tapaban mis ojos, y oía su voz.
-¿Quién soy?
-Mm no sé, puedes ser una bella mujer llamada Ania.
-Oh me descubriste ja, ja, ja
-Hola querida, ¿cómo estás?
-Hola chicos, hola Dan, ¿cómo están?
-Bien bien, ¿ustedes, qué tal?
-Bien bien, aquí hablando de la vida.
-Justamente los estaba buscando, ¿ya le dijeron a Dan?
Yo con una mirada nerviosa mientras aclaraba mi garganta.
-¿Decirme qué?
Ella con un tono tranquilo y con una sonrisa me decía:
-Dan, creo que tienes que saber esta noticia. Sé que es algo extraña, pero nos hace muy feliz ser parte de esto y te lo decimos de una vez, ya que nosotros estamos involucrados. ¿Listo?
-¡Sí ya díganme!
-Hemos sido seleccionados para irnos a Marte, por parte de la universidad.
Ella con una sonrisa y unos ojos radiantes como las estrellas, que se le podía ver toda su felicidad.
Yo en ese momento no sabía qué pensar, solo sentía que mi corazón y mi mente se detuvieron por unos segundos.
-¿Qué opinas?
-¡¡¡WOW!!! ¡Es increíble!, estoy orgulloso de ustedes y más que nada feliz, y … ¿cuándo se irían?
Mont con cara de tristeza viéndome a los ojos respondía:
-Dentro de una semana.
-Mont, Vane y yo no te lo queríamos decir antes porque no era seguro, pero ahora que sí, pues te lo decimos. Pero sí, por eso los 3 no te lo dijimos.
-Por eso ustedes se han ido a entrenar juntos a las bases de la Nasa.
-Así es, estoy muy feliz de poder ir al espacio, poder ver qué hay allá arriba, poder ver las estrellas, poder apreciarlas, y poder ver más allá de nuestro planeta.
-Mientras ella decía eso, mi mente lo único que podía pensar es que ya no la volvería a ver y que ella era mi estrella en esta tierra.
Después de esa conversión, ella y Vane se fueron mientras que yo, me quedaba con Mont y Fangio, otro amigo que se iba a ir con ellos.
-Hermano, ¿por qué no me dijiste nada?
-Te lo quería decir, pero ella me dijo que no, porque sabía que tú te ibas a poner triste de que nos íbamos a ir.
Fangio viendo nuestras caras preguntaba:
-¿Por qué no estás feliz por nosotros?
-Fang, hermano, claro que estoy feliz de ello, pero es otro tema.
-A Dan le gusta Ania, ese es el problema, y él, no se atreve a decirle.
-Y no creo decirle. Ya es tarde, se va a ir.
-No es tarde, tienes que decirle lo que sientes por ella.
-Simplemente, no me he declarado por el hecho de que nunca he tenido el valor de decirle lo que realmente siento por ella.
-Dime realmente, ¿qué perdiste que te da tanto miedo demostrar tus sentimientos?
-No sé, supongo que es mi inseguridad de pensar que soy insuficiente para ella, que mi amor no es nada comparado con ella.
-Hermano, ¿¡qué carajo estás diciendo!? Ella no es una diosa, es un ser humano como nosotros, ella también tiene errores, y no es perfecta.
-Entiendo, entiendo, pero es el simple hecho de demostrar mis sentimientos que hace que me dé miedo demostrar mi corazón y por eso prefiero quedarme callado.
-Dan te voy a decir una cosa y quiero que lo escuches bien. El miedo más fuerte para cualquier persona es poder demostrar sus sentimientos, pero eso nos hace únicos.
-Tienes de aquí a que se vaya para decirle. Si no, te vas a quedar con ese sentimiento que nunca vas a poder soltar.
Tiempo después, tan rápido como el agua, las dos semanas se convertirían en la noche anterior de que se fueran, y yo, seguía sin poder decirle lo que sentía.
Había una despedida para ellos en la noche, todo el mundo estaba feliz y llorando, deseándoles suerte para su partida, y pasaron las horas y yo seguía con ese sentimiento.
Después de unas horas, ella por fin estaba sola, y creí que era momento de decirle.
-Hola Ania, ¿cómo va la fiesta?
-Bien bien, pero ya cansada. Yo creo que ya me voy para descansar.
-No, por favor no te vayas, quédate un rato, al fin y al cabo esta será nuestra última noche juntos.
-Tienes razón, vamos a fuera.
Mientras salíamos mi corazón latía a mil por hora, y mi mente estaba buscando las palabras correctas para decirle.
-¿Qué raro estar aquí por última vez no?
-Sí, aparte más, si te vas a ir de la tierra siete años.
-¿Siete años?
-Sí, vamos a viajar a la velocidad de la luz. Para nosotros será un día y para ti van a ser siete años, ¿qué raro no?
Yo con un nudo en la garganta y con los ojos con unas cuantas lágrimas le dije:
-Si super raro.
-Mira al cielo, ¿te imaginas?, mañana cuando veas el cielo me vas a ver a mí.
-Yo ya te veo todos los días.
-Antes de que te vayas te quiero decir algo.
-Dime Dan, ¿qué me quieres decir?
Yo con mil inseguridades y con ganas de llorar, mi corazón y mi mente por primera vez se pusieron de acuerdo para ocultarse y no decirle
-Am mmm nada, ¿quería saber si mañana te voy a poder ver?
-Sí, claro, tú vas a estar en primera fila para ver el despegue.
En ese instante que yo me iba a acercar a ella, pero la llaman y le dicen que ya se tienen que ir.
-Emm perdón, ya me tengo que ir.
-Sí, sí, no te preocupes, ve a descansar. Te veo mañana.
-Sí, claro, nos vemos mañana.
La mañana siguiente, al estar en la sala de espera para verlos por última vez, mi mente estaba tan desesperada, ya que me quedaban pocos minutos antes de que ella se fuera. Mi corazón latía desesperadamente, mi mente sobre pensaba si realmente decirle o no, hasta que llegó el momento de verla por última vez.
-Hermano.
-Mont, gracias por todo, nos estaremos viendo dentro de poco.
-Cuídate.
-Sí hermano, tú también.
-Fangio.
-Padrino, un gusto compartir experiencias contigo.
-El placer ha sido todo mío.
-Vane, querida, te quiero muchísimo, cuídate.
-Lo haré. Y tú, por favor, dile. Esta va a ser la última vez que la verás, si no le dices ahora, estarás con la duda estos años. Hazlo por ti, quítate esa sensación de encima.
-Te quiero mucho.
En ese momento la veía a ella en su traje espacial, con una sonrisa única, en busca de sus sueños.
-Hola Dan.
-Hola Ania.
-¿Lista?
-Nerviosa.
En ese momento me daba un abrazo, que desearía que fuera eterno.
-¿Por qué lloras?, tranquilo, todo va a salir bien.
-Te voy a extrañar, aunque para mí, va a ser un día.
A pocos segundos de irse por el pasillo que la llevaba a la cabina, le gritaba e iba corriendo hacia ella.
-¿Qué pasó?
-Te tengo que decir algo. Sabes que me traes loco.
-¿Por qué?
-Porque ME GUSTAS Y MUCHO, ya no puedo ocultarlo más. Mi corazón no está tranquilo, aunque corra el riesgo de que tú…
-De que yo…
-De que tú no sientas nada.
En ese momento, ella me miraba, agarraba mi mano y me decía:
-Emm, no sé qué decirte.
-Ven conmigo, acompáñame. Vamos juntos hacia las estrellas y veamos lo qué pasa.
-No puedo, mi vida está aquí, mi sueño está aquí.
-Y el tuyo está ahí arriba. Ve, explora y vive tu sueño, yo te esperaré.
Mientras juntábamos nuestras frentes, ella llorando y con voz cortada:
-¿Ahora qué?
-Ve, corre, yo te esperaré aquí.
Mientras ella se iba, sentía como me dolía el corazón, pero a la vez me sentí libre de poder expresar lo que sentía.
En lo que veía como ella se iba lentamente hacia las estrellas, yo lloraba al saber que hice lo correcto para mí.




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